Nunca un caballo acudio a mi llamado
ni puse bozal a ningún brío
Libre he sobrevivido a mí deseo
sin medir la distancia por el rebote del galope
ni por la reverberación del aire en el oído ajeno
No pude saltar esa noche
Quizas porque no hubo noche
Tuve miedo
No escape, no había ido.
Tuve miedo
El tambor repicaba en las sienes
El cuerpo tieso el aire quieto
La noche no era
noche era algo espeso y pegajoso
empastado alrededor de la conciencia
y el latido y el aullido y el motor
Las ruedas araron, un potro piafó
Y en el flanco izquierdo me dejé caer
Tuve miedo, dije
Y me abracé a ese latido en mi centro
Estaba vivo
Alguien saltaba dentro de mí
Y ahora el día es gris como mis sienes
entonces encendidas
un bozal se apoya donde hubo crines
y soy libre en ese gesto que me ata,
sobrevivo a mí deseo. Me contemplo.
