miércoles, 17 de diciembre de 2008

martes, 21 de octubre de 2008

Jubilosos, plenos de flores y colores.

Son las 11 y cuarto de la mañana y en la esquina de Cuzco y Bynnon el sol pega fuerte, contradiciendo un pronóstico de frío y lluvia que modeló peregrinos abrigados y -ahora ridículos- rompevientos. La puerta del Santuario San Cayetano de Liniers está repleta de gente y con cola para entrar a confesarse o comulgar antes de partir a la peregrinación. Afuera se suceden los grupos de peregrinos de diferentes puntos del país que se detienen al pasar por las puertas de la iglesia y anuncian su salida con altavoces.
Hay un grupo enorme con pecheras y gorras amarillas, gorras que llevan impresa la imagen de la virgen de Luján, y pecheras que indican de dónde vienen: es la delegación de Trenque-Lauquen, esos tres colectivos de larga distancia estacionados sobre Cuzco una cuadra más allá, esos más de doscientos peregrinos amarillos extasiados de fe que avanzan hasta plantarse frente a la entrada del santuario, mirando a Rivadavia.
Se concentran allí, comienzan a cantar, vivan por los altavoces, pasan música desde su carro con su imagen de la virgen y sus provisiones para la peregrinación. “¡Viva la virgen, Trenque-Lauquen!” grita Ana, la portadora del altavoz, y Trenque-Lauquen entero pareciera responder en sus más de dos centenas de representantes: “¡VIVA!”.
Entre tanto, a las 11 y media, aparece por Bynnon el camión de Crónica TV. “¡Salimos en Crónica, Trenque-Lauquen! ¡Canten todos que salimos en Crónica!” grita Ana por el altavoz con expresión de júbilo. Los amarillos peregrinos aplauden, aúllan, vivan, y se ríen de los problemas del conductor del camión de Crónica TV para estacionar. Es que el primer intento, en la mano de enfrente de la iglesia, se vio frustrado por los malos cálculos: el camión no entra entre el Polo gris topo y el contenedor de basura que está casi en la esquina. Además, alrededor del contenedor está lleno de desperdicios y se empieza a acumular gente que los revisa.
Por el rabillo del ojo veo cómo Crónica estaciona, no sin dificultades, en la mano del templo; Trenque-Lauquen y su amarillismo siguen vivando y demoran la salida para compartir el tono amarillo con la señal de TV. Todo por el rabillo del ojo, por el borde de la oreja. Mi mirada, y mi nariz, están metidas de lleno en el contenedor y sus alrededores.
De la santería San Nicolás, casi en la esquina (Cuzco 197), sale un muchacho con un cajón de plástico cargado hasta el tope de artículos del rubro del local, pide permiso a los tres o cuatro que están removiendo el contenido del container, y vacía su cajón. La gente se abalanza sobre lo recién arrojado y comienza a elegir. La escena se empieza a hacer comprensible, más aún con la sucesión de cajones y a medida que me acerco.
La santería San Nicolás ha cerrado sus puertas, y su mercadería –acopiada por años- está siendo descartada en ese contenedor que despide el olor a basura más delicioso que un curioso habitué a recolectar objetos extraños de basuras ajenas haya olido hasta hoy. Las esencias de incienso, sándalo, amor, dinero y belleza se mezclan con los sahumerios purificadores y las velas de San La Muerte, decorando con un tufillo dulzón y penetrante la zona del container.
Adentro se agolpan calendarios con imágenes cristianas, retratos de santos en placas de madera, vírgenes de porcelana con partes del cuerpo amputadas, cajas de esencias aromáticas y figuras de ritos paganos. Madera, hierro, bases de maceta en terracota y enormes cantidades de papel y cartón atraen a Julián, de 24 años, oficio: cartonero. Se acerca con su carro repleto de “desperdicios” prolijamente ordenados. Entre los hierros y el cartón, en un almohadón de funda raída, va sentada Lucía, la hija de Julián. Con sus seis años, juega con esos pedazos de todo que junta su papá, recibe retos cuando mete la mano en la lata de clavos y se ríe cuando Papá putea porque “el forro este tira vidrios como si nada”.
Félix es catamarqueño y tiene 42 años que no se le notan en la cara de indio engordado. No se le notan más ni menos: las arrugas contrastan con la gestualidad jovial, la risa fácil y abierta le invierte el 42 en 24. Él no junta “de cartón”. Selecciona estatuillas, velas, estampitas y calendarios viejos (“les arranco los años, armo un marquito para la foto y quedan”) que restaurará y venderá en otros eventos religiosos. Hoy vende escudos de fútbol y rosarios. Se define como comerciante y se ríe de mi curiosidad: “¡Rubio! es la primera vez que veo a un rubio revolviendo la basura así”.
Un pibe de unos 20 años se acerca y saca fotos con una cámara profesional.
-¿Laburás para un diario?- le pregunta Félix, -conseguile laburo a éste-, le dice señalándome. Se apresura a aclararle que no le van a aceptar esas fotos, que a “los diarios de ustedes” no les interesan estas cosas. Franco, el fotógrafo, le dice que son para él, que para el diario ya sacó.
“Los diarios de ustedes”, dijo el verborrágico Félix. Es socialista, latinoamericanista, “compañero de Hugo Chávez”, y la clase media –se sincera- le da asco. Julián se ríe, y los callados personajes de alrededor también.
-Hay excepciones-, indica Félix, -como vos, Rubio-. Su odio a la clase media se extiende a su iglesia: es ateo, pero -por demás- odia la Iglesia como institución. Ese odio, dice, no le impide acercarse a cada fiesta católica a vender: “están todos locos, se ponen todos simpáticos y movedizos, te compran cualquier verdura; yo me paro en la esquina de su casa y me sacan a patadas, hoy, acá, vendo todo. La fe mueve montañas, nomás”, se mofa y se ríe.
Jessica se enoja. Estuvo escuchándolo callada durante mucho rato, y ante la mirada desaprobadora de su tío Marcelo, decidió hacerle frente.
-No es así. Algunos curas son malos tipos, pueden robar, pero otros son buenos- dice sacudiendo enojada el pedazo de madera con ganchitos para colgar que acaba de agarrar del contenedor, -Y si vos no creés en Dios por lo menos respetá a los que creen.
Félix se ríe, y le hace notar que ella está revolviendo basura mientras el Papa está durmiendo “en su cama de oro”. Va a seguir, pero aparece un nuevo cajón, repleto de las figuras de porcelana que tanto aprecia. Jessica se burla.
-Si tan poco creés para qué te las llevás- le dice desafiante.
-Para pintarles porongas en la boca- le responde Félix. Julián y Marcelo ríen, Lucía también pero imitándolos. Jessica se pone roja de furia y estalla dos estatuillas contra el piso.
Mientras los demás se ríen, Jessica se mete cada vez más en el container. De muy abajo saca un fax viejo. Toma el tubo y pregunta por Dios, se larga a reír y Félix le festeja el chiste: están reconciliados.
De repente Franco sale corriendo con la cámara en alto. Me doy vuelta y veo la imagen de la Virgen de Luján, hermosa, plena de flores y colores, que se aleja de espaldas en el medio de la multitud. Aplauden, vivan, gritan, se contonean envueltos en fe y júbilo.
-Te la perdiste, Rubio-, se ríe Félix –por revolver basura con los negros te pasa-. Reímos, jubilosos; Jessica desarma un ramo de flores de plástico y las revolea al aire. Reímos jubilosos, y ahora plenos de flores y de colores. Jessica (nuestra virgen vestal), sus dos hijos que juegan con Lucía, Marcelo y Julián que tratan de desarmar una estructura de hierro y madera, el brillo en los ojos de Félix y yo.

domingo, 28 de septiembre de 2008

El Primer Mosquito de la Primavera.

Se me escapó El Primer Mosquito de la Primavera.
En el lomo se llevaba, en cajas, veintisiete buenas cosas de estos tres meses; pero al esquivar la cortina se le cayeron ocho.
Las miro desparramadas en el escritorio. Abrilas vos, yo ni pienso.
Si lo hubiera aplastado, ¿habría roto las cajas?
Se me escapó El Primer Mosquito de la Primavera; siete días después de empezada, ocho cajas en el escritorio. Puto Primer Mosquito! Me vengaré matando todo el ordinal alfabeto numérico.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Rigor mortis.

El cepillo para uñas se hundió en el final de las cutículas, ahí en donde nacen los padrastros, y los arrancó en tres pasadas. Sangró, claro, pero esta sangre era suya, hemolimpiante para sus dedos satisfechos. Un éxito rotundo: el pibe salió del colegio, le dio fuego a una veterana dable, se la ganó, y a la hora, en medio del éxtasis de acabarle en la boca a esa vieja toda pintada, aulló el dolor de las uñas rojas atravesándole la pija. Le había escupido su propia leche en la cara antes de atarlo y estacarle el culo con el bate. Cuando los gritos empezaron a molestarle en vez de mojarla, le clavó el serruchito en la espalda. Siete, ocho, nueve veces. Y la pasada final, para lograr el trofeo.
Una vez terminadas las uñas, fue a la cocina y preparó mitad formol y mitad alcohol en un frasco viejo de nescafé. En la bacha el agua corría rebalsando un tacho con agua y sangre. Metió la mano recién lavada y sacó la verga de su amante. Nada mal. Hasta temía que el frasco se le hiciera chico. Arrancarla del cuerpo suponía una perdida inmediata de la erección en un torrente de sangre, pero las uñas de Mariela habían sido untadas de coagulante y el miembro del joven y vigoroso Facundo se mantenía tan firme como su adolescente y desafiante mirada se había mantenido sobre la de su victimaria unas horas antes, como ella lo había sentido adentro, como le golpeteaba la boca en le momento cúlmine.
No se decidió sobre si la metía cabeza arriba o abajo, pero pensó que podía cambiarlo cuando quisiera. Cerró el frasco y miró como se deformaba el ridículo vestigio de hombría desde el culo del envase. Cuando abrió la vitrina para guardarlo vio el pijo de Mauricio y decidió que esa noche él sería el indicado. Recordó lo bien que había deslizado la punta hacia el orto sin que ella lo pudiera detener y esa contracción de los huevos que nunca supo si se concadenaba con la eyaculación o con el rompimiento de la piel tirante bajo sus uñas.
En honor a las habilidades del cuerpo que la seguía, jugó con la pija de Mauricio por todo su cuerpo. Al acabar, volvió a guardarla, prometiéndole a Facundo que nunca lo dejaría de lado; promesa complicada de cumplir, perdido como estaba su rígido pene entre estantes llenos de frascos sin rótulos.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Vericuetos del temor a estar

Braulio tiene mucho miedo. Está agotado. Y si a algo sabe Braulio que debe temerle es al cansancio. Pobre Braulio! saber que el miedo que se tiene es el más justificado, que el peligro que lo acecha es el mayor, resulta tan agotador que un nuevo temblor le eriza los pelos.
No quiere cansarse; no quiere mirarse y obligarse a correr contra puertas cerradas y espejos engañosos. Irse sería ceder al cansancio, pero quedarse es perpetuarlo hasta el sueño.
Dilata las pupilas, escudriña en la oscuridad. Olisquea. La oye respirar en la habitación. Entra un ligero resplandor por el vano de la puerta de la cocina. La empuja suavemente y descubre la ventana abierta. El mundo se cuela por ella.
-Mi cansancio es aburrimiento- reflexiona Braulio. Se acerca a la ventana. Le pesan los pies, pero puede aún subir. Aventura un salto pero se le hace corto. Cae sobre las asaderas sin guardar y el ruido lo despabila un poco. También la despierta a ella en el cuarto. El salto de Braulio mejora y el alfeizar lo sostiene sin problemas.
Cecilia lo llama. Gira la cabeza y la escucha en el comedor. Piensa en bajarse. El miedo ha caído pero en el piso de la cocina lo espera el aburrimiento. Coquetea con el otro suelo, ese que resplandece de mugre ocho pisos más abajo; le lanza un maullido que también es para ella, que lo descubre de inmediato.
-Por fin te animaste a la ventana!- le dice contenta. Él se da vuelta y le dedica una sonrisa. Divertida, decide ir al living y mirarlo desde la otra ventana. Braulio ensaya una maullada despedida y salta. Una cucaracha curiosa se acerca a verlo y comprueba, como Cecilia ocho pisos más arriba, que Braulio no volverá a temer.

jueves, 31 de julio de 2008

Es realidad: hay agua en Marte.
Hay que aguantarte, antes de amarte. Es realidad.
Hay que balearte, para matarte; has de callarte, para trozar té.
En realidad.
He de aguantar tu callado cuerpo muerto a balazos mientras te trozo, y lavar cada pedacito tuyo en los ríos del planeta rojo. Así habré de amarme.

miércoles, 16 de julio de 2008

"Primero pienso que no recuerdo haber visto nunca tanto mocasín, tanto pulóver sobre los hombros en una manifestación. Después pienso que no me tengo que dejar llevar por los prejuicios. Después pienso que en Congreso me encontraría más amigos. Después, que eso no es un parámetro político. (Pero es cierto que me encantaría estar en Congreso creyendo que pongo el pecho para detener a la puta oligarquía que llama al golpe para acabar con el proceso de cambio que está viviendo la Argentina. Si sólo pudiera creerlo, sería casi feliz.) "

hoy caparrós me cayó bien

lunes, 14 de julio de 2008

Rosario siempre estuvo cerca

Malestar existencial. El abrazo al "algohayquehacercontodoesto" se hizo presente hoy por la mañana en la residencia de quien tipea. Obvio que tiene que ver con las obligaciones que lo persiguen, pero eso no obtura sus cosquillas de culo hambriento; es que, fuera de toda ironía, algo hay que hacer con todo esto.
Para empezar, pedir perdón por un blog que nunca debería haber sido abierto y sobre el que hoy se ha perdido el poder de muerte.
Y matar al perro.

martes, 24 de junio de 2008

Tener control remoto facilita el momento, y -aunque el programa sea periodismo progre- se apaga. Por periodismo, por progre, por remoto, por tener, por querer y para correrse. Y después, el blog. Pequeño burgués que se rie de su mierdosa vida?
No. Idiotez pura. Son días, vió Alfredo?
Capaz un día el huevo al oligarca devenga monitor al tecnócrata. Total hay dos más.
Muy cómodo. Nos vamos? dale, vamoslón.

miércoles, 18 de junio de 2008

y en particular mucha gente



los espasmos de este muchacho señalan el cuidado que debe tenerse en las afirmaciones que uno realiza

martes, 10 de junio de 2008


-y qué querés para tu cumpleaños Vallejos?
-vacaciones, verano, y vaga vida
-válgame!
-vulgar vicioso, vos viste?
-vendamos vaselina y viajemos!
-verisgüel

miércoles, 4 de junio de 2008

Grandes catarsis ocultas bajo pequeñas muertes.

Si hoy a la noche mueren asesinados en Buenos Aires ciento veinte personas, mañana en los diarios nos enteraremos -a lo sumo- de quince.
Se hablará de infidelidades, de marginación, de violencia, de Recoleta, de la inseguridad, de la inflación y el costo de vida, del paro del campo y el justicialismo, y de las conexiones de las FARC con el narcotráfico local. No, no habrá lugar aquí para Porreti.
Pero, ¿podrán Sergio Hendler, Germán Paoloski, o el Chavo Fucks aprovechar las chispas del continuum televisivo para dilucidar la relación de al menos doce de esos homicidios con el que Boca haya hoy quedado afuera de la Cope Copa?

Más que un mundo hecho de pequeñas cosas, se trata de cuestiones enormes a las que parecemos poco permeables.




El video, no sé; el tema, fabuloso.

domingo, 1 de junio de 2008


un vacío tremendo a poco de comenzar


así será: el paro del campo al culo y un hermoso y jugoso corte al horno


firmado: les five fantastiques

jueves, 15 de mayo de 2008

Por toda la casa, sus bombachas quesudas. Él no ha dicho nada; cuando las ve le viene a la mente la casa de Cecilia, la compañerita de primaria que era tan bonita pero cuyo living tenía tanto olor a meo de perro. Y no puede más que reirse, de Cecilia, de su madre loca con frustradas aspiraciones veterinarias, y del parangón Paula/perro. Después de atar a su novia a las aspiraciones de la madre de Chechu, recuerda la fiesta de anoche. O intenta recordar. Lo ayuda el fin del paseo circular del despertar, el regreso a la cama, y la tanga de encaje violeta confundida entre las patas de la mesa de luz.
Se ríe.
La despierta posando sus yemas sobre su hombro y deslizándolas hasta la cintura; allí quiebra sus dedos y disfruta el estremecimiento de la piel mientras la recorre ahora con las uñas. Ella no termina de incorporarse, lo mira con los ojos entrecerrados y le arroja un seco pero dulce "Dormite, es temprano".
-Es domingo, no temprano -responde Gonzalo en recta y previsible actitud de yoyamelevanté¿porquévosno?. Paula estrella su cara contra la almohada y esboza un fuck you deforme con el brazo torcido. Él toma la bombacha violeta entre los dedos de sus pies, la acerca a sus manos y se la arroja en la cabeza:
-¡Vos y tu desagradable feminidad! -desagradable feminidad, ese agrio caramelo relleno de not now please, de conversaciones privadas y de bombachas quesudas.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Sos la escalera mecánica que no funciona, el ácido sudor de mi vecino de ascenso, el dos por dos masificado. Sos la vieja ignorante y el provinciano egoísta que van por la mitad del pasillo; sos larazónavoluntad retumbando en mi oído por los siguientes tres minutos. Sos el tren que me sigue en paralelo, y el giro de máquina que lo estalla contra mi frente. Sos el cartel de Constitución, brillante, azul y trasmano. Sos -previsiblemente- el subte que se va, la revista de nueve pesos y mi billetera vacía; sos la otra revista, y la otra, el libro de allá y mi billetera vaciada. Sos el CD porno, la vía gastada, el silencio de las ansias soterradas al abrirse la puerta, la puta que baja en Lavalle, y la pregunta por Retiro. Sos la madera golpea-gansos de los molinetes viejos. Sos el maquillaje corrido de la cajera y la línea de pintura blanca derramada sobre el grabado original de la pared de San Martín. Sos la propaganda de bumeran.com, la seven up caliente que nadie aceptó a la promotora y el sudor de orto que ella dejó en su calsa.
Sos mi mano en la baranda al salir, pero no el frío en mis rodillas desnudas.
Hoy fuiste mi viaje en subte. Be proud of it: esta noche serás mi insomnio.

domingo, 11 de mayo de 2008

El arroz?

(¿Empezar por la hora o no empezar por la hora?)
los signos de pregunta iniciales son poco iniciáticos y deforman mi tono: hoy duermen lejos de mí.
Es que estoy muy sensible al ruido. Al sonido, bah. Muy: las medias se pegan al suelo cuando uno camina en ciertos pisos. Y tardan en despegarse. El paso se hace eterno; no puedo terminar de despegar mi pie derecho del pasillo, y aquí estoy, sentándome y dándome cuenta de que el izquierdo acaba de caer en la trampa de parquet sin plastificar: no más pies, menos mal.
Muy: oigo la manguera del portero limpiando la vereda: vivo en un décimo piso. Muy: las teclas me pegan en la cara, atraviesan mi frente y me lobulean de acá para allá. Muy: oigo el gorgotear del arroz hirviendo en el agua.
Sí, 5:58 am, y el arroz pasándose en la cocina. I'm high, way too high. De qué otra manera no extrañar a mis pies ahora que los perdí?

-QUIÉN DIJO ESO?!
Carol despertose con el grito de Gustavo: Gustavo se despertó cuando el frío le rozó entre las piernas (ahí, justo arriba de las rodillas) y supo que Carol tiraba de la sábana.
-Estás bien? -inquirió con la cara deformada, los cachetes hinchados de sueño y la boca maloliente de trasnochada.
-Vos dirás -respondió él, juguetón.
-Muy bien -le arrojó risueña. Le acarició un huevo, él le agarró una teta, se dieron un beso, y tuvieron muy buen sexo.
Al acabar, Gustavo corrió a la cocina. Carol decidió esperar, y -ansiosa- se puso a jugar con un papel; en el momento en que terminaba su avión entró su gustavoso amante con una olla de arroz y dos cucharas.
Le contó que había soñado con un arroz de madrugada. Rieron a destajo, y escupieron sus arroces, tentados: para la risa es mejor el tenedor.