jueves, 15 de mayo de 2008

Por toda la casa, sus bombachas quesudas. Él no ha dicho nada; cuando las ve le viene a la mente la casa de Cecilia, la compañerita de primaria que era tan bonita pero cuyo living tenía tanto olor a meo de perro. Y no puede más que reirse, de Cecilia, de su madre loca con frustradas aspiraciones veterinarias, y del parangón Paula/perro. Después de atar a su novia a las aspiraciones de la madre de Chechu, recuerda la fiesta de anoche. O intenta recordar. Lo ayuda el fin del paseo circular del despertar, el regreso a la cama, y la tanga de encaje violeta confundida entre las patas de la mesa de luz.
Se ríe.
La despierta posando sus yemas sobre su hombro y deslizándolas hasta la cintura; allí quiebra sus dedos y disfruta el estremecimiento de la piel mientras la recorre ahora con las uñas. Ella no termina de incorporarse, lo mira con los ojos entrecerrados y le arroja un seco pero dulce "Dormite, es temprano".
-Es domingo, no temprano -responde Gonzalo en recta y previsible actitud de yoyamelevanté¿porquévosno?. Paula estrella su cara contra la almohada y esboza un fuck you deforme con el brazo torcido. Él toma la bombacha violeta entre los dedos de sus pies, la acerca a sus manos y se la arroja en la cabeza:
-¡Vos y tu desagradable feminidad! -desagradable feminidad, ese agrio caramelo relleno de not now please, de conversaciones privadas y de bombachas quesudas.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Sos la escalera mecánica que no funciona, el ácido sudor de mi vecino de ascenso, el dos por dos masificado. Sos la vieja ignorante y el provinciano egoísta que van por la mitad del pasillo; sos larazónavoluntad retumbando en mi oído por los siguientes tres minutos. Sos el tren que me sigue en paralelo, y el giro de máquina que lo estalla contra mi frente. Sos el cartel de Constitución, brillante, azul y trasmano. Sos -previsiblemente- el subte que se va, la revista de nueve pesos y mi billetera vacía; sos la otra revista, y la otra, el libro de allá y mi billetera vaciada. Sos el CD porno, la vía gastada, el silencio de las ansias soterradas al abrirse la puerta, la puta que baja en Lavalle, y la pregunta por Retiro. Sos la madera golpea-gansos de los molinetes viejos. Sos el maquillaje corrido de la cajera y la línea de pintura blanca derramada sobre el grabado original de la pared de San Martín. Sos la propaganda de bumeran.com, la seven up caliente que nadie aceptó a la promotora y el sudor de orto que ella dejó en su calsa.
Sos mi mano en la baranda al salir, pero no el frío en mis rodillas desnudas.
Hoy fuiste mi viaje en subte. Be proud of it: esta noche serás mi insomnio.

domingo, 11 de mayo de 2008

El arroz?

(¿Empezar por la hora o no empezar por la hora?)
los signos de pregunta iniciales son poco iniciáticos y deforman mi tono: hoy duermen lejos de mí.
Es que estoy muy sensible al ruido. Al sonido, bah. Muy: las medias se pegan al suelo cuando uno camina en ciertos pisos. Y tardan en despegarse. El paso se hace eterno; no puedo terminar de despegar mi pie derecho del pasillo, y aquí estoy, sentándome y dándome cuenta de que el izquierdo acaba de caer en la trampa de parquet sin plastificar: no más pies, menos mal.
Muy: oigo la manguera del portero limpiando la vereda: vivo en un décimo piso. Muy: las teclas me pegan en la cara, atraviesan mi frente y me lobulean de acá para allá. Muy: oigo el gorgotear del arroz hirviendo en el agua.
Sí, 5:58 am, y el arroz pasándose en la cocina. I'm high, way too high. De qué otra manera no extrañar a mis pies ahora que los perdí?

-QUIÉN DIJO ESO?!
Carol despertose con el grito de Gustavo: Gustavo se despertó cuando el frío le rozó entre las piernas (ahí, justo arriba de las rodillas) y supo que Carol tiraba de la sábana.
-Estás bien? -inquirió con la cara deformada, los cachetes hinchados de sueño y la boca maloliente de trasnochada.
-Vos dirás -respondió él, juguetón.
-Muy bien -le arrojó risueña. Le acarició un huevo, él le agarró una teta, se dieron un beso, y tuvieron muy buen sexo.
Al acabar, Gustavo corrió a la cocina. Carol decidió esperar, y -ansiosa- se puso a jugar con un papel; en el momento en que terminaba su avión entró su gustavoso amante con una olla de arroz y dos cucharas.
Le contó que había soñado con un arroz de madrugada. Rieron a destajo, y escupieron sus arroces, tentados: para la risa es mejor el tenedor.