(¿Empezar por la hora o no empezar por la hora?)
los signos de pregunta iniciales son poco iniciáticos y deforman mi tono: hoy duermen lejos de mí.
Es que estoy muy sensible al ruido. Al sonido, bah. Muy: las medias se pegan al suelo cuando uno camina en ciertos pisos. Y tardan en despegarse. El paso se hace eterno; no puedo terminar de despegar mi pie derecho del pasillo, y aquí estoy, sentándome y dándome cuenta de que el izquierdo acaba de caer en la trampa de parquet sin plastificar: no más pies, menos mal.
Muy: oigo la manguera del portero limpiando la vereda: vivo en un décimo piso. Muy: las teclas me pegan en la cara, atraviesan mi frente y me lobulean de acá para allá. Muy: oigo el gorgotear del arroz hirviendo en el agua.
Sí, 5:58 am, y el arroz pasándose en la cocina. I'm high, way too high. De qué otra manera no extrañar a mis pies ahora que los perdí?
-QUIÉN DIJO ESO?!
Carol despertose con el grito de Gustavo: Gustavo se despertó cuando el frío le rozó entre las piernas (ahí, justo arriba de las rodillas) y supo que Carol tiraba de la sábana.
-Estás bien? -inquirió con la cara deformada, los cachetes hinchados de sueño y la boca maloliente de trasnochada.
-Vos dirás -respondió él, juguetón.
-Muy bien -le arrojó risueña. Le acarició un huevo, él le agarró una teta, se dieron un beso, y tuvieron muy buen sexo.
Al acabar, Gustavo corrió a la cocina. Carol decidió esperar, y -ansiosa- se puso a jugar con un papel; en el momento en que terminaba su avión entró su gustavoso amante con una olla de arroz y dos cucharas.
Le contó que había soñado con un arroz de madrugada. Rieron a destajo, y escupieron sus arroces, tentados: para la risa es mejor el tenedor.
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