lunes, 23 de marzo de 2009

Fuera

Si hubiera sido al llegar, estaría ud. riéndose bastante, cantando canciones viejas y chotas, sonriéndose empático, cual japonés contento. No lo fue, ganó el sandwich (ch-ch) de suprema pollez y tomatismo, ganó -una vez más- Hellmans y su onanístico aderezo; ganó el cansancio, el libro nuevo, el silencio del hogar y los bellos durmientes.
Por fortuna, puede ud. de aquí sacar un granito de mostaza (así de chiquitito) de entretenimiento estúpido, repetitivo, malogrado pero peor parido (ni hablar de su crianza). Profundidad y altura le escapan, tanto como le escapan a ud., extendido en su chatura, leyendo pelotudeces.
¡Levante esa pudredumbre anal de su asiento y corra a hacer algo más productivo! ¿A quién se le ocurre -conociendo el sitio- meter su nariz en un antro de idiotez como el que pisa en este momento? Hay páginas impresas donde encontrará mejor consuelo. Y si no lo halla, dedíquese a llorar, pero, no lo repetiré, ¡aparte de una vez la vista de esta pantalla mongolizada!