sábado, 23 de marzo de 2013

Las gaviotas en Conce
como estelares perros aulladores.
Un hostal céntrico con cartel de neón.
La noche boca arriba.

Prefiguración del invierno

Aún los días son soleados y las personas se bañan en el mar en estos últimos días de febrero en la playa de Pudá. Pero ahí en el horizonte hay una espesa niebla gris que no se mueve con los vientos, que apenas si se ha elevado un poco en formas curvas para dar brillo a algún atardecer. Una franja gris, brumosa, allí donde el cielo se aclara y el mar oscurece. Una estática franja gris y blanca cargada de hielo.
Por las mañanas, el viento sopla frío del mar, trayendo consigo lo que han de ser, apenas, jirones de ese invierno prefigurándose en el horizonte.

Lobo-hombre en Pudá

La luna,
la mera luz de la luna,
iluminó la bajada inusual,
kilométrica.

Abrir la puerta y no ver la mar.
En su lugar
una estepa brillante,
amenazándolo

La luz de la redonda luna
le abrió paso en el cerro.
Y allí fue,
prometiéndose seguirla y
escondiéndose en cada luna nueva
con ella y su ausencia.
Llueve en Cunco.
Un tipo con jeans, camisa negra y sombrero de guaso se refugia en un portal en la ochava.
Vuelvo a mirar al instante y ya no está ahí. Se ha escapado, como estos cinco días en Cunco.
Y la lluvia arrecia.

La mejor de las muertes

Hay un pájaro grande
tendido al fondo de una gruta.

Su plumaje marrón atigrado
se aclara debajo de las alas.
Allí ha escondido su cabeza
para darse a su sueño blanco.

Hay un pájaro grande y muerto
en el fondo de esa gruta.

La entrada a la cueva es húmeda,
filtran gotas desde el techo
y el musgo y las flores
y una extraña masa naranja pueblan la piedra.

El fondo es seco y angosto,
en el centro está el pájaro,
tendido allí, la cabeza
escondida
debajo de un ala,
volviendo lentamente al suelo.