La luna,
la mera luz de la luna,
iluminó la bajada inusual,
kilométrica.
Abrir la puerta y no ver la mar.
En su lugar
una estepa brillante,
amenazándolo
La luz de la redonda luna
le abrió paso en el cerro.
Y allí fue,
prometiéndose seguirla y
escondiéndose en cada luna nueva
con ella y su ausencia.
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