Aún los días son soleados y las personas se bañan en el mar en estos últimos días de febrero en la playa de Pudá. Pero ahí en el horizonte hay una espesa niebla gris que no se mueve con los vientos, que apenas si se ha elevado un poco en formas curvas para dar brillo a algún atardecer. Una franja gris, brumosa, allí donde el cielo se aclara y el mar oscurece. Una estática franja gris y blanca cargada de hielo.
Por las mañanas, el viento sopla frío del mar, trayendo consigo lo que han de ser, apenas, jirones de ese invierno prefigurándose en el horizonte.
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