En estas dos semanas sólo recordé dos sueños al despertar. En ambos había camiones. En el primer sueño los conducían recias mujeres camioneras que me ayudaban a escapar a cambio de sexo. En el segundo, esta mañana, el camión lo manejaba yo. Podía sentir el peso de todo ese metal en mis manos y en el cuerpo entero (sentí la vibración en el asiento, manejá con el culo, con el cuerpo entero), y todo ese peso aumentaba la velocidad y todo se salía de control; tras saltar sobre un barranco por agarrar una curva a demasiada velocidad volvía a dominar la mole y continuábamos camino a casa. Cuando llegábamos abríamos el acoplado y adentro había crecido marihuana por todos lados. Estaba lista para cosechar.
sábado, 24 de agosto de 2013
Camiones
Hace quince días fuimos al aeropuerto, drogados y en taxi. En la Costanera, al lado del taxi, zumbaban los camiones. En mi sueño de droga desde el asiento trasero del taxi me vi trepando a cualquiera de ellos y partiendo por alguna ruta, por cualquier ruta. Velocidad, noche, ruido metálico, luces que corren por delante y alumbran un camino desconocido. Salir zumbando de la ciudad sin que nada pueda interponerse, sentado en lo alto de la cabina compartiendo la emoción con un desconocido fanático de los caminos.
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