nunca es tarde.
podría clavarme todas las noches a ver dragon ball
(y lo entendería).
o comer garrapiñada en abril.
dejar de hacerme la paja.
ir a un telo, ir de putas. ir. irme.
martes, 18 de noviembre de 2014
domingo, 14 de septiembre de 2014
sábado, 30 de agosto de 2014
la misma soledad
desnudo en la cama
las pulgas prendidas a tus piernas
sentís la misma soledad.
desnudo en otra cama
con el brazo inerte sobre un flanco ajeno
que aunque vive no palpita.
nunca estás solo
y en tu corazón habita siempre
la misma soledad.
si hasta en la noche
en tu cama
desnudo
los parásitos te asedian
el mundo se vuelve contra ti
y Nadie te abraza muy fuerte.
las pulgas prendidas a tus piernas
sentís la misma soledad.
desnudo en otra cama
con el brazo inerte sobre un flanco ajeno
que aunque vive no palpita.
nunca estás solo
y en tu corazón habita siempre
la misma soledad.
si hasta en la noche
en tu cama
desnudo
los parásitos te asedian
el mundo se vuelve contra ti
y Nadie te abraza muy fuerte.
viernes, 29 de agosto de 2014
Un amor contra la continuidad
Todas esas mujeres parecidas a tu madre.
Todos los colores y texturas de la heladería Milac.
Toda esa tensión amable con los turistas.
Todo incólume,
todo sigue aquí.
Como si todo ese agua que no cesa de moverse
río abajo, por todas partes
en este pueblo de tres ríos
trajera consigo tanto como lo que se lleva.
Como si toda la sangre derramada
pudiera reencontrar cada vez
el camino para encendernos,
palpitantes, inundados.
martes, 5 de agosto de 2014
cuando nos aplaste el comfort
qué quedará de todas esas
mantecas con sabor a margarina
cuando nos aplaste el comfort
quién mirará el lado salvaje
cuando ya no esté ahí lo incompleto:
todo lo mutable aplastado
bajo el peso del comfort
mantecas con sabor a margarina
cuando nos aplaste el comfort
quién mirará el lado salvaje
cuando ya no esté ahí lo incompleto:
todo lo mutable aplastado
bajo el peso del comfort
viernes, 1 de agosto de 2014
es imposible saber quién te sueña cuando entrás a tu living y te encontrás sacando una bolsa de cebollas de la mochila como en ese sueño hace siete años, y de pronto el recuerdo del sueño es claro y tenés la certeza de que en ese momento predecías tu futuro. luego entrás a tu pieza y la humedad ha levantado el olor a alcohol adherido a las paredes y el vaho te marea. en el mareo ves el plato de tu cabeza, la escena desde arriba, y te das cuenta de que estás por fuera de ti.
viernes, 20 de junio de 2014
niu romantics
enero negro sin amor
tu susurro encendido
lamiendo el techo de mi mente
junio retráctil, a repetición
un instante más,
despierta bajo tu aliento
y olvida el sueño
de tu voz callejeada
ebria y trasnochada
tu susurro encendido
lamiendo el techo de mi mente
junio retráctil, a repetición
tus yemas suaves cosquillean
sobre la piel más gruesa
de mi cuerpo que duermeun instante más,
despierta bajo tu aliento
y olvida el sueño
de tu voz callejeada
ebria y trasnochada
lunes, 24 de marzo de 2014
Noche cálida en la calle Urinal
Si pudiera sustraerme de la mirada por un momento... ya no es de nadie, pero está presente más firmemente aún. Ya es de todos, la mía también. Pesa en mi espalda, perfora mi nuca y un poco más adentro también. Cambia el tejido de mis riñones, que se secan y se contraen secando todo mi vientre.
Intento relajarme, presto atención al viento. Lo siento venir, correr como una niña que veo corriendo en faldas rosas y blancas en mi mente, corriendo hacia mí, hacia la fuente, ¡el lago!, y arrojarse a la carrera, ¡desnuda! Dejo mis hombros caer hacia atrás, arqueando mi espalda, y suspiro: uufffff
¡Estoy meando! ¡Lo logré, estoy meando!
Por la calle oscura se acerca alguien. Puedo escucharlo, pero estoy de espaldas. Intento mirar hacia atrás sin dejar de mear, pero apenas cruzo su mirada se me corta el chorro. ¡Es una mujer! No importa, tengo tiempo. Me la masajeo un poco pero no hay caso, no puedo volver a mear sintiendo su mirada fija en mi codo que se menea mostrando una desesperación un poco escalofriante. Guardo y giro sobre mí. Está a tres metros. Levanto mi brazo y saludo con la mano abierta:
-Buenas noches.
-¿Estaba difícil el asunto? -responde sonriendo, su boca roja y sus dientes grandes y manchados de vieja fumadora.
Me está tirando los perros, ¡esto nunca me había pasado! Respondo rápido:
-¿Qué asunto?
-Ahí adentro -responde señalando mi bragueta sin cerrar con su dedo flaco.
Se deja caer de espaldas contra la pared, saca un cigarrillo y lo prende. Me apoyo sobre la pared pero de costado, mirándola. Parece una gallina flaca, fumando su cigarrillo fino y largo, cogoteando una tos.
-A veces siente uno como que se le secan los riñones -me larga de pronto. -, ¿no le pasa? Yo a veces lo siento, no puedo hacer pis, como que se me secan los riñones, como si cambiaran su tejido.
-¡Déjese de estupideces, por favor!
-Pero, por favor, ¿qué me dice a mí? -me enfrenta con la mirada -Si yo lo vi, lo vi en sus ojos cuando me miró.
-¿Qué es lo que vió? ¡Estaba meando, sí!
-¡No! ¡Justamente! ¡No estaba meando, se le cortó el chorro!
-¡Pero qué dice, mujer!
-No se haga el estúpido, sabe muy bien de qué le estoy hablando. Y no tenga vergüenza, creo que nos pasa a todos. O por lo menos hoy por hoy no debe haber muchos a los que nos les pase. No sé si ha sido la comida, algo ha salido mal. Tal vez las horas conteniéndonos en la escuela. O mucho más las veces que no nos hemos contenido. Ya ni siquiera podemos mear tranquilos en nuestras casas, y sólo los vagabundos pueden hacerlo sin pudor en la calle. Estamos condenados, tenemos la mirada encima. Usted por lo menos es hombre, yo tengo que agacharme, o abrirme de piernas si no llevo ropa interior.
Cuando la miro me doy cuenta de que está parada frente a mí, firme, con las piernas abiertas. Tiene un vestido negro corto y campera de cuero de fantasía negro, coronada con un cuello de lana que imita una piel. Habla fuerte y pita el pucho con bronca.
-¡Malditos! -grita. -¡Déjenme en paz! ¡Déjenme mear!
Alza su puño al cielo y me arenga a gritar:
-¡Malditos! ¡Déjennos mear!
-Esto es una locura -le digo, quiero que pare pero ya no puedo parar yo.
Enlazamos nuestras manos apuntando al cielo negro con los índices apretados yema contra yema, componiendo un arma. Aprieto su cintura y le busco la boca, ¡la quiero besar! Suelta mi mano y me empuja al mismo tiempo que da un paso atrás con la rodilla en alto, como marchando. Me mira fijo, abre sus piernas y mete su mano por debajo del vestido.
-O nos corremos la tanga... -dice con una voz suave, -... y dejamos que fluya...
Un chorro dorado cae entre sus piernas y yo siento que me derramo.
Intento relajarme, presto atención al viento. Lo siento venir, correr como una niña que veo corriendo en faldas rosas y blancas en mi mente, corriendo hacia mí, hacia la fuente, ¡el lago!, y arrojarse a la carrera, ¡desnuda! Dejo mis hombros caer hacia atrás, arqueando mi espalda, y suspiro: uufffff
¡Estoy meando! ¡Lo logré, estoy meando!
Por la calle oscura se acerca alguien. Puedo escucharlo, pero estoy de espaldas. Intento mirar hacia atrás sin dejar de mear, pero apenas cruzo su mirada se me corta el chorro. ¡Es una mujer! No importa, tengo tiempo. Me la masajeo un poco pero no hay caso, no puedo volver a mear sintiendo su mirada fija en mi codo que se menea mostrando una desesperación un poco escalofriante. Guardo y giro sobre mí. Está a tres metros. Levanto mi brazo y saludo con la mano abierta:
-Buenas noches.
-¿Estaba difícil el asunto? -responde sonriendo, su boca roja y sus dientes grandes y manchados de vieja fumadora.
Me está tirando los perros, ¡esto nunca me había pasado! Respondo rápido:
-¿Qué asunto?
-Ahí adentro -responde señalando mi bragueta sin cerrar con su dedo flaco.
Se deja caer de espaldas contra la pared, saca un cigarrillo y lo prende. Me apoyo sobre la pared pero de costado, mirándola. Parece una gallina flaca, fumando su cigarrillo fino y largo, cogoteando una tos.
-A veces siente uno como que se le secan los riñones -me larga de pronto. -, ¿no le pasa? Yo a veces lo siento, no puedo hacer pis, como que se me secan los riñones, como si cambiaran su tejido.
-¡Déjese de estupideces, por favor!
-Pero, por favor, ¿qué me dice a mí? -me enfrenta con la mirada -Si yo lo vi, lo vi en sus ojos cuando me miró.
-¿Qué es lo que vió? ¡Estaba meando, sí!
-¡No! ¡Justamente! ¡No estaba meando, se le cortó el chorro!
-¡Pero qué dice, mujer!
-No se haga el estúpido, sabe muy bien de qué le estoy hablando. Y no tenga vergüenza, creo que nos pasa a todos. O por lo menos hoy por hoy no debe haber muchos a los que nos les pase. No sé si ha sido la comida, algo ha salido mal. Tal vez las horas conteniéndonos en la escuela. O mucho más las veces que no nos hemos contenido. Ya ni siquiera podemos mear tranquilos en nuestras casas, y sólo los vagabundos pueden hacerlo sin pudor en la calle. Estamos condenados, tenemos la mirada encima. Usted por lo menos es hombre, yo tengo que agacharme, o abrirme de piernas si no llevo ropa interior.
Cuando la miro me doy cuenta de que está parada frente a mí, firme, con las piernas abiertas. Tiene un vestido negro corto y campera de cuero de fantasía negro, coronada con un cuello de lana que imita una piel. Habla fuerte y pita el pucho con bronca.
-¡Malditos! -grita. -¡Déjenme en paz! ¡Déjenme mear!
Alza su puño al cielo y me arenga a gritar:
-¡Malditos! ¡Déjennos mear!
-Esto es una locura -le digo, quiero que pare pero ya no puedo parar yo.
Enlazamos nuestras manos apuntando al cielo negro con los índices apretados yema contra yema, componiendo un arma. Aprieto su cintura y le busco la boca, ¡la quiero besar! Suelta mi mano y me empuja al mismo tiempo que da un paso atrás con la rodilla en alto, como marchando. Me mira fijo, abre sus piernas y mete su mano por debajo del vestido.
-O nos corremos la tanga... -dice con una voz suave, -... y dejamos que fluya...
Un chorro dorado cae entre sus piernas y yo siento que me derramo.
martes, 14 de enero de 2014
Ya empezaron a cojer los vecinos. Tienen un promedio de cuatro polvos por noche. Ella grita en cada uno como si él descargara un río lácteo más ancho que el cauce del Paraná. Los gemidos de él suenan sólo dos o tres veces por semana.
Son otra vez los gritos de ella los que me llaman.
Masco mi arroz. Subo el volumen de la música. Intento no pensar en ponerla.
Son otra vez los gritos de ella los que me llaman.
Masco mi arroz. Subo el volumen de la música. Intento no pensar en ponerla.
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