martes, 14 de enero de 2014

Ya empezaron a cojer los vecinos. Tienen un promedio de cuatro polvos por noche. Ella grita en cada uno como si él descargara un río lácteo más ancho que el cauce del Paraná. Los gemidos de él suenan sólo dos o tres veces por semana.
Son otra vez los gritos de ella los que me llaman.
Masco mi arroz. Subo el volumen de la música. Intento no pensar en ponerla.