Todos los colores y texturas de la heladería Milac.
Toda esa tensión amable con los turistas.
Todo incólume,
todo sigue aquí.
Como si todo ese agua que no cesa de moverse
río abajo, por todas partes
en este pueblo de tres ríos
trajera consigo tanto como lo que se lleva.
Como si toda la sangre derramada
pudiera reencontrar cada vez
el camino para encendernos,
palpitantes, inundados.

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