jueves, 11 de junio de 2015
¿Cómo se escribe la novela con la que te despertás en la frente a veces? En Ecce Homo, Nietzsche dice que no hay que leer nada por la mañana. Por lo menos no cuando te levantás. Preocupado por su cuerpo débil en la montaña fría el tipo dice: no, nada de lectura a la mañana, nada que distraiga la mente fresca. Sabemos que hoy eso casi no tiene sentido, porque incluso lo que pensamos mientras dormimos, lo que soñamos, está hecho de influencias de las más extrañas. Somos puntos de cruce de líneas sonoras, rítmicas, químicas, visuales (la enumeración puede no terminar nunca) de las más diversas y más que en la montaña fría estamos siempre en el centro de la hoguera, ardiendo lento pero quemándolo todo rápido. Así y todo, también hemos sido felices, hemos sentido otra cosa que esta fiebre influenza constante, hemos sentido el cuerpo fuerte y podemos dar fe de que cuando nos despertábamos éramos pura potencia. Los trabajos y las escuelas sabían esto y ordenaron por decenios la vida para trabajar sobre esa potencia. Después descubrieron que seguía habiendo un poco más allá, o que por lo menos lo que ellos necesitaban se cubría con esa ausencia total de las 4 a las 6 a. m. (siempre y cuando no te duermas), y te prendieron ahí también. Pero también nosotros supimos que funcionábamos en cualquier condición, que somos elásticos y maleables y que podemos tolerar desviaciones, que podemos seguir diciendo aunque a las siete haya que empezar a firmar informes, o haya que tener listas las planillas a las 5 de la mañana. Y ahora, que nos sabemos elásticos y potentes, ¿qué queda de esta afirmación del pequeño e irritable Friedrich? Queda todo y aún más, si entendemos allí algo más que la enunciación de una casi vacía prescripción de comportamiento: hay un llamado a identificar poderes que nos desvían, y al mismo tiempo a entender cómo dosificar esos poderes, cómo mostrarnos y escondernos ante ellos, cómo ser un poco mujeres con esos poderes, dejándonos llevar por ellos pero sólo cuando nosotros queramos (o algo así). Sino Nietzsche no habría hablado allí de la lectura. Podemos coincidir en que hay circunstancias históricas que hacen que no fuera a hablar de, por ejemplo, televisión ("No prendas TN a la mañana"), pero el caso es que en Ecce Homo el tipo habla de todo: de alimentación, de sexo, de afecto, de un millón de estupideces cotidianas que tienen que ver con el cuidado de sí. Pero aquí habla de la lectura, que evidentemente sería uno de los poderes más fuertes para él. Y lo que se dibuja en torno es una espera, un ordenarse, un poder de imponer nuestra potencia a ese poder. De esto deberíamos poder extraer algo para nuestro problema: ¿cómo escribir la novela con la que te despertás en la frente esta mañana? Sí, es fascinante, habla de todo, hasta da miedo por diferentes lados. Entonces: levantate, ordenate, hay tiempo y hay materiales allí. Alimentá el cuerpo y ponete a trabajar.
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