jueves, 13 de agosto de 2015

dancing in the streets -bs as, 2013/14

Un disparo perfora el piso de ruido.
Un torbellino de sonidos te marea,
te envuelve y te lleva.

Ladridos, voces en una obra,
bromas y risas. Otro disparo,
el perro, el tren y un tornado
en tu cabeza -otro disparo.

Ya vienen, te envuelven
Ya están aquí, te llevan,
y su torbellino es muerte.

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Lo ví
la sirena encendida
la puerta del conductor abierta
el patrullero abandonado.
Más allá los dos polis
agachados sobre el cuerpo apresado
Gritos. Otra patrulla
con las luces apagadas
más y más policías
Me subí
aceleré y doblé
a la izquierda en la segunda bocacalle
mientras ellos se subían a la otra patrulla
llegué a la plazoleta
Detuve el coche sin apagarlo
Busqué el encendedor
y un cuaderno en la mochila
Prendí el fuego en el asiento del conductor
Lo incendié
Y corrí.

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Parado en el fondo del colectivo línea 133, Cristian decide llamar al Banco. Esta primera acción ya está fuera de lugar, doblemente fuera de lugar: Cristian es el último rollinga, y ni sus topper blancas ni su buzo de la 25 al hombro coinciden con una llamada al banco; además, estamos en el 133 y Cristian apenas puede sostenerse en pie entre los vaivenes del colectivo y los miembros cruzados de los demás pasajeros en el fondo de la atestada lata.
Cristian saca su tarjeta de crédito en una maniobra habilísima y dicta a la teleoperadora su número de tarjeta. Se libera un asiento y en un movimiento inesperadamente fluido Cristian se suelta de todo amarre, gira sobre su eje y deja que la inercia empuje su cuerpo flaco contra un asiento de la última fila. Continúa hablando. Pide que le dicten de a tres números y anota un teléfono en su celular. Corta la comunicación. Pide prestada una birome a su vecina de asiento y copia el número en su mano. Disca. Expone nuevamente su problema a una segunda teleoperadora que lo guía en una exitosa gestión telefónica. Envalentonado, como si haber logrado su cometido en contra de las fuerzas telefónicas del banco desde el fondo del colectivo línea 133 le diera más aliento, Cristian le pide una segunda gestión a la teleoperadora.
-Voy a necesitar que me indique el último consumo que aparece en su resumen de cuenta-, le indica la teleoperadora. Cristian le explica que no lo tiene encima.
-Puede llamarme más tarde desde su casa-, lo anima.
-No-, responde Cristian antes de cortar, -desde casa no puedo hablar-.