sábado, 16 de julio de 2016

En La noche de los proletarios Ranciére narra la manera en que los hombres y mujeres que dieron vuelta un siglo tomaron la noche para ellos, la volvieron productiva para sí, leyendo, estudiando y discutiendo en esas horas muertas que estaban destinadas al descanso. Hoy, aunque esos tiempos muertos han sido en parte retomados por los dueños del tiempo, los mismos que deberían estar leyendo, estudiando, discutiendo, agarran esas horas y las pelean de otra forma: haciendo ejercicio. Entrenándose. Cultivando cuerpos de lujo. Como si lo único que pudiéramos hacer fuera suspender, dispersar, apagar la mente. Como si necesitáramos ahogar esas horas muertas en un jugo proteico, hacer crecer los tejidos musculares para tapar los berridos de las neuronas.

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