Cierro los ojos, inspiro profundo, abriendo mi cuerpo a esta mañana virginal; exhalo lentamente, abro los ojos, y un cheiro de oleo de coco penetra en mi cuerpo con la siguiente inhalación. No existe, no hay ese olor aquí, fuera de mí. Paulo, Neka, Moreré entero viene con ese cheiro imposible: la panela de Paulo en el fuego, la preparación hirviendo, el oleo separándose del agua. Neka hablando del mar, de la isla años atrás, de las onzas comiendo mamão.
El mar batiéndose aquí a unos metros.
El lápiz vibrando.
El cheiro volviendo.
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