martes, 11 de septiembre de 2018

ain't it good to be alive?


A medida que me alejo de su casa el mundo comienza a vibrar de forma extraña. Ese beso que no fue hizo parpadear la realidad, como si el espíritu que nos une se hubiese ahogado. La sangre del mundo, el aire del mundo, comenzó a escasear. ¿De qué está hecha nuestra realidad? Sea lo que sea, ese beso en falso lo agotó, lo suprimió, abrió una grieta por donde se cuela ahora toda la materia. No quiero mirar hacia la montaña porque tengo miedo de que ya no esté, tengo miedo de que tampoco haya cielo o noche detrás; desde su balcón-terraza, hace minutos, la negra inmensidad de la noche se partía justo en la quebrada nevada. Ahora toda la materia se desangra. No puedo besarla, no pude porque no puedo. Si lo hiciera tendría que estar dispuesto a perderme en toda esa sangreaireyvida que ahora se retira. No puedo hacerlo. Pero tampoco tengo dónde refugiarme.
Inmediatamente después del parpadeo, de esa falta de aire de todo lo vivo, empezó a derrumbarse cualquier rastro de materialidad. Sospecho que es un poder estrictamente femenino. Una vez caminaba por las calles de una ciudad antigua y al levantar mi mirada encontré una adolescente caminando hacia mi. Llevaba auriculares, iba algo cabizbaja. Sus pasos eran largos y extraordinariamente firmes. A cada paso correspondía una explosión silenciosa, y a su alrededor el mundo se derrumbaba y volaba por los aires. Una nube de adoquines danzantes orbitaba a su alrededor. Su tapado marrón claro, casi ocre, se mantenía impoluto. Pero dejaba a su paso totalmente deformadas las antiguas construcciones. Era una forma de destrucción extraña: no arrasaba, sino que desarmaba, hacía volar por los aires y recofiguraba. Detrás de la nube de adoquines quedaban casas extrañas de puertas acostadas y ventanas de piedra.
No había vuelto a sentir esa potencia femenina de desconfiguración-reconfiguración hasta hoy. Si entonces temí por mi integridad física ante la posibilidad de que esa nube me alcanzara, esta vez no puedo medir la escala de mi miedo.

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