domingo, 6 de junio de 2021

Los ojos pardos del compa en la enesima visita, esa que se da tres años después de la primer charla con ella, esa en la que logramos ir más allá del saludo.

Los ojos pardos y atentos, despiertos y con fiereza. Y la certeza ahora de lo pardo porque hubo el tiempo de observarlos, de sabernos observándonos mientras conversamos, el tiempo se comparar el iris con la manga de la camiseta que se extiende por debajo del chaleco de lana cruda y, sí, es gris oscuro, como grises son los ojos del compa que ya sonríe un poco más y se sabe escuchado y observado y escucha y observa a la vez. Y la compa bosteza porque hay cansancio en estos días, pero también saca charla porque hay escucha y mirada y porque, después de todo, en tres años no han sido tantas las visitas aunque han sido las más. Si fuéramos más jóvenes beberíamos por esto. Si no hubieran niñas en la casa y la certeza de que todo aquello que nos une y nos cansa seguirá ahi al amanecer, tal vez amaneciéramos. No ha helado, pero hay un viento tremendo. La oscuridad del fondo de la noche recorta las montañas con estrellas. Nos sabemos juntxs, nos sabemos parte. Los ojos del compa son pardos y los de ella están vivos. Los ojos nuestros seguirán mirando el mundo y los ojos tuyos nos ayudarán a verlo caer. 

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