el amor ha sido o ha ido siendo
reflejado en imágenes de la naturaleza.
esos ríos que se juntan, confluyen y rebotan entre dos orillas,
esas copas de árboles que se menean juntas en lo alto del cielo azul,
subidas a un viento, vueltas caricia, baile
esa pareja de cormoranes que comparten la rama seca del sauce
en la isla más triste del río y que, negros, se lanzan
en un vuelo final con la caída del sol,
y uno se demora porque quiere planear y el otro
se adelanta porque quiere volar
y así, de a tirones descompasados a veces, se acompañan.
esa nube con forma de pluma
deshaciéndose en lo alto de este triste atardecer
eso es o ha venido siendo el amor
el torbellino de aire que moldea y esfuma la punta superior,
el brillo que se desprende de esa acción de desgaste,
la suave curva del centro que se vuelve más densa
a medida que el viento la ataca,
la cintura que empieza a formarse justo debajo de esa zona densa,
la boca que se le abre en la base, las rajaduras
que se abren en la base, eso ha sido el amor,
eso hemos sido nosotres en este amor,
una forma sujeta a los vientos, deshaciéndonos y resistiendo,
fulgurando y engordando, volviéndonos algo más
bajo el inclemente brillo de un nuevo atardecer,
en la indómita belleza de existir y sentir,
ha ido siendo el amor.
la nube se va recortando y la cintura
y la gordura y el brillo de muerte
dan paso a una forma nueva,
una mujer se arrodilla sensual en el medio del cielo despejado
una cara boba sonríe un poco más abajo,
y la pregunta flota en algún cielo interno
a dónde vamos, amor... qué harán de nosotres, hoy, los elementos.